A medida que pasaba el tiempo me daba cuenta lo fría que me estaba haciendo la vida. Y cuando a mi corazón le faltaban horas para congelarse y no sentir nada más, y mi cuerpo ya estaba resignado a la constante lluvia externa e interna, apareció ese sol. No voy a mentir, tuve miedo. Miedo de quemarme, de encandilarme, de adaptarme a lo cálido y que luego se vaya. Realmente no me sentía preparada para afrontar ninguna otra ausencia. Pero hubo algo que me permitió confiar, supe que debía aferrarme a ese sol con pestañas largas y una de las sonrisas más lindas que vi en mi vida.
No voy a volver a cometer el error de poner mi felicidad en manos de otra persona, pero el crédito del brillo en mis ojos es exclusivamente de él. Y sé que se merece mucho más de lo que yo le doy, pero también sé y tengo la certeza, de que tengo millones de cosas más que ofrecerle. Es hermoso encontrarme a mí misma mirando el futuro de una manera relajada, como sabiendo que todo lo que viene es bueno, como sabiendo que encontré a uno de esos soles que van caminando por el mundo sin saber que su luz es capaz de curar corazones.
Me muero de ganas de empezar a quererte. Pero a quererte de verdad. Sin cerrarme, ni tener miedo. De seguir sintiendo que se puede salir, porque se puede, los dos sabemos que sí.
Por eso, gracias.
Mailén, sos lo más lindo que hay.
ResponderEliminarMe gustó mucho, casi que me alegré por vos.
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