"Una vez que hayas experimentado el placer de volar, caminarás con la mirada al cielo, porque allí has estado y allí desearás volver para siempre."
Leonardo Da Vinci

jueves, 15 de agosto de 2013

aguas calmas

Duele agosto. Duele adentro, allí donde lo guardé para nunca más sacarlo, allí donde nadie jamás va a poder llegar. A trescientos sesenta y cinco días de haber entregado el corazón me encuentro sonriéndole con pena al espejo ante el reflejo de una yo que perdió su yo hace un tiempo ya. Lo que duele no son los recuerdos, ni que su presencia sea nula en mi vida. Lo que duele es volver un año atrás y no entenderme. Hoy soy todo lo que quiero ser y no soy ni un poco lo que fui, y eso no quiere decir que me extrañe a mí antes, o que esté conforme con mi persona actual, simplemente en este tiempo que pasó, viví ciertas cosas que no estaba preparada para vivir y por eso duele tanto este mes ocho. Porque pude haberme evitado muchas de las cicatrices que llevo dentro si en vez de enfrentarme ante la situación, la hubiera frenado. Y van a seguir pasando cosas que me den la pauta de que sigo viva, y me va a seguir encantando la sensación de tener frío, y voy a seguir en constante lucha contra mí misma para no mirar hacia atrás jamás. Porque conservo poco de lo que era pero reitero, sigo viva. Porque como este, voy a tener que superar muchos agostos más.
Si algo me llena de orgullo es tener la cabeza alta y el corazón abierto después de todo.

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