Nunca lloro. Ya me acostumbré al hecho de tener que descargarme de alguna otra forma porque me es imposible llorar. Pero cuando lo hago, lo hago por todo. Se mezclan recuerdos, peleas, sentimientos, todo junto. Haciendo que mis llantos duren más que los de cualquier persona habitual. Él era la excepción, me hacía derramar más lágrimas que palabras, sólo tenía que pensar un poco en nuestra situación para que el nudo en la garganta apareciera y mis ojos comiencen a arder. El domingo, luego de leer todo lo que leí, me senté en mi cama, lo pensé, cada momento vivido juntos pasó por mi mente, cada palabra y consejo, cada abrazo, como también cada pelea y cada mentira. Necesitaba hacerlo, sabía que antes de generar un conflicto conmigo misma, era preferible llorarlo. Y lo lloré, con todo el amor, con toda la bronca, con todas mis fuerzas.
Lo lloré, como siempre, como nunca más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario