Y su vida lentamente siguió. Muchas veces quiso detenerse y retroceder. Otras, simplemente dejar de caminar. Sus cuestionarios mentales día a día la carcomían por dentro. El monstruo había salido de su vida para posicionarse en su cabeza. Y no poseía las fuerzas necesarias para pelear contra él.
"Me rindo, hasta acá llegué" me pareció leer en sus ojos.
Las lágrimas nunca van a ser lo suyo y se adaptó al insomnio. Aprendió a vivir del lado del mal, porque nada bueno quedó.
siempre me pareció más fácil escribir sobre mí en tercera persona
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